«Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.» (Romanos 8:2-4)

I. EL PODER DE LA GRACIA FRENTE A LA LIMITACIÓN DE LA LEY

Muchas personas en todo el mundo piensan que, si pueden hacer suficientes obras buenas o seguir la ley moral establecida en la Biblia u otras enseñanzas religiosas, serán aceptables a los ojos de Dios. La realidad, sin embargo, es que por mucho que hagamos el bien o sigamos las leyes, por muy sinceros o diligentes que seamos, no se puede quitar la mancha del pecado que cada uno de nosotros lleva desde el momento de nuestro nacimiento.

II. EL PODER DE LA GRACIA SOBRE LA LEY Y EL TEMOR

Charles Spurgeon destacó la razón de la incapacidad de la ley cuando dijo: “La ley, tal como se le dio originalmente a Adán, un hombre perfecto, si la hubiera cumplido, habría glorificado a Dios y habría producido en él una vida perfecta. Pero no estamos en la misma posición en la que estaba Adán con Dios, y no estamos libres de la mancha del mal como lo estaba él. Hemos caído.”

III. MÁS ALLÁ DE LA LEY Y EL ESFUERZO HUMANO

El mismo principio que se aplica a nuestra salvación se aplica a nuestro caminar con Cristo. No hay forma de que podamos vivir la vida cristiana como Dios manda con nuestras propias fuerzas. Simplemente carecemos de la capacidad de vencer el pecado. Solo cuando permitimos que la vida de Jesús viva a través de nosotros, podemos vivir en victoria. Gálatas 2:20 cuando dice: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.» Si nos esforzamos por obedecer a Dios siguiendo la ley con nuestras fuerzas, estamos condenados al fracaso. Pero si nos rendimos al Espíritu Santo, permitiendo que Cristo viva a través de nosotros, podemos caminar en victoria.

Principio Familiar Unidos Venceremos: En lugar de buscar vencer el pecado con nuestras fuerzas, debemos confiar en el Espíritu de Dios para obtener la victoria.

Desafío familiar: Escribe y memoriza Efesios 2:8

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