“¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. 36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”
Mateo 12:34-37
Como muchos otros policías de la época, un policía, tenía un segundo trabajo. A diferencia de la mayoría, el trabajo de este policía era el contrabando de alcohol, y era muy bueno en ello. Durante la época de la Prohibición, el contrabando era un negocio importante, y este ganó millones antes de que su operación llamara la atención de las autoridades. Algunas de las pruebas clave utilizadas contra este policía corrupto en su juicio se obtuvieron mediante escuchas telefónicas para escuchar sus conversaciones. En aquel entonces, las escuchas telefónicas eran una herramienta nueva para la policía, y este hombre intentó que se anulara su condena debido a su uso. Pero fue sentenciado finalmente.
Dios no necesita una orden judicial para escuchar nuestras conversaciones. Él no solo escucha todo lo que decimos, sino que también sabe todo lo que pensamos. Nada le es oculto. Y aunque nuestras palabras nos parezcan pequeñas o insignificantes, son verdaderamente poderosas. Salomón escribió: “La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.” Proverbios 18:21. Todas nuestras palabras importan, y rendiremos cuentas a Dios por el impacto que tuvieron en la vida de los demás. Lo que decimos es la revelación más clara de la condición de nuestro corazón, y la cura para las malas palabras no comienza con la lengua, sino con el corazón.
PRINCIPIO DE VALOR PARA EDIFICAR UNA VIDA ESPIRITUAL
Debemos asegurarnos de que nuestros corazones sean rectos para que nuestras palabras sean positivas y edificantes para los demás.