“Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”
Hebreos 2:1-3

En abril de 1992, una fuga no atendida provocó la inundación del sistema de metro en la Ciudad de México, paralizando el tráfico y obligando al cierre de negocios. La negligencia en reparar a tiempo llevó a gastos mucho mayores: una reparación que pudo costar 50,000 pesos terminó demandando más de 1,000 millones de pesos por los daños ocasionados.

Como vivimos en un mundo caido y deteriorado, es natural que las cosas empeoren a menos que prestemos atención y las atendamos intencionalmente. La negligencia, por cualquier motivo, ya sea por el deseo de evitar hacer algo desagradable o exigente, por la escasez de recursos o por la falta de voluntad para actuar, siempre traerá problemas. Sin embargo, estamos llamados a ser diligentes en nuestro trabajo, como buenos ejemplos de cristianos. “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu; sirviendo al Señor” Romanos 12:11.

Lo mismo aplica a nuestra vida espiritual. Debemos mantenernos comprometidos con nuestro crecimiento espiritual, sin descuidar las cosas ni buscar excusas para retroceder en nuestra obediencia y compromiso con Dios. El progreso natural no es hacia Dios, sino alejarse de Él, incluso para sus hijos. Debemos estar atentos a las señales de problemas y abordarlos de inmediato.

PRINCIPIO DE VALOR PARA EDIFICAR UNA VIDA ESPIRITUAL
La salud de nuestro caminar con Dios se ve influenciada por nuestra diligencia en mantener la armonía entre nosotros y Él.

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