“Daniel respondió delante del rey, diciendo: El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. 28 Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días. He aquí tu sueño, y las visiones que has tenido en tu cama”
Daniel 2:27-28
El reconocido pintor e inventor Samuel Morse no ocultó su dependencia de Dios para su trabajo. Al preguntársele qué hacía cuando no podía avanzar con un proyecto, Morse respondió: “Más de una vez, y siempre que no veía con claridad, me arrodillaba y oraba a Dios pidiendo luz y entendimiento”. Su invención del telégrafo revolucionó la comunicación de mensajes a grandes distancias, y su patente fue una de las más valiosas de la historia. Sin embargo, Morse se negó a atribuirse el mérito. Dijo: “He hecho una valiosa aplicación de la electricidad no porque fuera superior a otros hombres, sino únicamente porque Dios, quien la concibió para la humanidad, debía revelársela a alguien y se complació en revelármela a mí”.
Siempre que Dios nos permite hacer algo por Él, no es para nuestro mérito ni para nuestra gloria, sino para la suya. Cuando Dios le contó a Daniel cuál era el sueño de Nabucodonosor y su significado, podría haberse envanecido y afirmar que era especial y digno de honor y respeto. En cambio, le dijo claramente al rey que fue Dios, el verdadero Dios de Israel, quien lo hizo posible, y que el sueño era un mensaje de ese Dios. Daniel recibió un ascenso, no porque se presentara, sino porque Dios honró su humildad. “Riquezas, honra y vida Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.” Proverbios 22:4. Nuestro propósito en todo lo que hacemos debe ser exaltarlo, y las victorias que nos da siempre deben ser una razón para alabarlo más.
PRINCIPIO DE VALOR PARA EDIFICAR UNA VIDA ESPIRITUAL
La bondad y la bendición de Dios nunca deben usarse para atraer la alabanza y la atención hacia nosotros.