«Cuando sonaban, pues, las trompetas, y cantaban todos a una, para alabar y dar gracias a Jehová: y a medida que alzaban la voz con trompetas y címbalos y otros instrumentos de música, y alababan a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, porque su misericordia es para siempre: entonces la casa se llenó de una nube, la casa de Jehová. 14 Y no podían los sacerdotes estar allí para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios.» (2 Crónicas 5:13-14)
I. MANIFESTACIÓN DE LA PRESENCIA DE DIOS
Nunca ha habido un edificio que se compare con el asombroso templo construido por Salomón para proporcionar un lugar de adoración a Dios. La visión del edificio fue originalmente de David y cuando Dios le dijo al rey que sería su hijo quien llevaría a cabo el proyecto, David pasó los últimos años de su vida y reinado preparando materiales y ayudando a Salomón a planificar el lugar sagrado que albergaría el Arca de la Alianza. Después de años de cuidadoso trabajo, cuando finalmente se completó el edificio, Salomón celebró un gran servicio de dedicación. Durante ese servicio, la presencia visible del Espíritu de Dios llenó el edificio con tal poder que la gente no pudo quedarse adentro.
II. LA PRESENCIA TRANSFORMADORA DE DIOS
La presencia de Dios no solo llenaba el templo físico, sino que también transformaba el corazón de quienes se acercaban con reverencia y humildad. Tal manifestación no era meramente simbólica; era un recordatorio palpable de que la relación con Dios exige apertura, sensibilidad y entrega total. Así como la nube impedía a los sacerdotes continuar con sus tareas, también nos enseña que hay momentos en los que lo divino trasciende nuestras capacidades humanas, invitándonos a rendirnos y permitir que el Espíritu Santo obre en nosotros.
III. EL LLAMADO AL SERVICIO HUMILDE
La presencia de Dios transforma vidas llenando vacíos, sanando heridas y fortaleciendo la fe. Cuando permitimos que su gloria habite en nosotros, actuamos con confianza y amor. La experiencia de Salomón nos motiva a buscar la guía del Espíritu Santo en nuestra vida diaria. Todo creyente posee al Espíritu desde la conversión; sin embargo, a menudo obstaculizamos su obra. Como dice 1 Tesalonicenses 5:19, “No apaguéis al Espíritu”. El Espíritu Santo desea obrar en nosotros, pero muchas veces dificultamos su acción cotidiana.
Principio Familiar, Unidos Venceremos: No permita que nada en su vida obstaculice la obra del Espíritu Santo.
Desafío familiar: Escribe y memoriza Efesios 5:18