“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. 20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”
Romanos 5:19-21
Todos conocemos el maravilloso himno “Sublime Gracia”. Probablemente sea el himno más cantado y amado del mundo. Su autor, John Newton, no abordó el tema de la gracia como un mero estudio teológico, sino como una realidad práctica. Necesitaba la gracia de Dios y la recibió. Luego dedicó su vida a compartirla con los demás. De comerciante de esclavos, se convirtió en abolicionista. De pecador, en predicador. En su lápida, en el cementerio de una iglesia en Olney, Inglaterra, donde fue pastor durante muchos años, la vida de Newton se resume así: “John Newton, quien fuera infiel y libertino, siervo de esclavos en África, fue, por la rica misericordia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, preservado, restaurado, perdonado y designado para predicar la fe que tanto se había esforzado por destruir”.
Algunos crecimos en un hogar cristiano y fuimos salvos a temprana edad, antes de ser expuestos a la maldad del mundo. Otros no llegaron a Cristo hasta una edad más avanzada, como John Newton, tras haber vivido una vida pecaminosa. Pero todos necesitamos la gracia de Dios. Es el medio por el cual somos salvos. Y es el medio por el cual vivimos para Él después de ser salvos. “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15:10. Dios tiene suficiente gracia para perdonar cualquier pecado y suficiente gracia para superar cualquier prueba. Y Él pone esa gracia a disposición de todos los que acuden a Él.
PRINCIPIO DE VALOR PARA EDIFICAR UNA VIDA ESPIRITUAL
Nunca debemos olvidar que es la gracia de Dios la que nos salvó y nos sostiene.