“Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.”
1 Corintios 2:13-16
En julio de 1799, un joven ingeniero francés, que se encontraba en Egipto durante la conquista del país por Napoleón, fue asignado a supervisar la reconstrucción del Fuerte Julien, cerca de la actual ciudad egipcia de Rashid. Pierre-François Bouchard ordenó a sus hombres que reutilizaran la mayor cantidad posible de piedras del antiguo fuerte para acelerar el proceso. Durante la reconstrucción, realizó uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la historia: la Piedra de Rosetta.
La piedra registraba un decreto del gobernante egipcio Ptolomeo V unos doscientos años antes del nacimiento de Cristo. Su importancia radicaba en que estaba escrita en tres idiomas, uno de ellos el griego. El conocimiento del texto en griego permitió a los académicos comenzar a comprender los jeroglíficos del antiguo Egipto por primera vez. Hoy en día, la Piedra de Rosetta se exhibe en el Museo Británico, donde año tras año sigue siendo una de las piezas más visitadas de su vasta colección.
Cuando acudimos a la Palabra de Dios, descubrimos que, aunque la tengamos en nuestro idioma, no podemos entender su verdadero significado sin el poder de Dios. Necesitamos su Espíritu para discernir y comprender lo que leemos, tal como Jesús prometió que lo haría. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Juan 16:13.
PRINCIPIO DE VALOR PARA EDIFICAR UNA VIDA ESPIRITUAL
Todo hijo de Dios puede comprender la Palabra de Dios gracias a la obra del Espíritu Santo