«Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.» (Efesios 2:1-3)
I. EL PODER TRANSFORMADOR DE LA GRACIA
No hay duda de que nuestra sociedad está llena de maldad, y que estamos viendo el mal no solo aceptado sino promovido activamente. Aquellos que se aferran a la verdad son despreciados y escarnecidos. Es fácil para nosotros caer en la trampa de condenar el mal en el mundo mientras olvidamos que alguna vez fuimos parte del mundo. Incluso aquellos que fueron salvos a una edad temprana sin siquiera vivir en un estilo de vida pecaminosa estaban muertos en su pecado. Es posible olvidar fácilmente que eran pecadores que necesitaban un Salvador como alguien que ha vivido apartado de Dios en los peores pecados que el mundo tiene para ofrecer.
II. EXTENDIÉNDO LA GRACIA A QUIENES LA NECESITAN
Aquellos que aún no han recibido el regalo de Dios no deben ser despreciados, sino que deben ser objeto tanto de compasión como de alcance. Nunca debemos olvidar que Satanás está trabajando activamente para evitar que reconozcan la verdad. “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:4. Nosotros, los que llevamos la luz, debemos recordar cómo era estar en la oscuridad y debemos compartir la verdad del evangelio de manera constante y persistente con aquellos que necesitan a Cristo.
III. NUESTRO LLAMADO A COMPARTIR LA GRACIA
Este llamado a recordar nuestra propia redención nos invita a cultivar un corazón humilde y agradecido ante la obra de Dios. Reconocer el estado del que fuimos rescatados nos prepara para mirar a las personas que aún viven en tinieblas con compasión genuina, en vez de juicio. Así como la gracia nos transformó, podemos ser instrumentos para que otros experimenten esa misma esperanza y libertad. La verdadera espiritualidad consiste en mirar hacia atrás, reconociendo nuestro pasado, y mirar hacia delante, extendiendo la mano a quienes aún buscan sentido y luz. Al hacerlo, somos reflejo de la gracia que nos alcanzó, invitando a otros a mirar y vivir, tal como nosotros fuimos invitados un día.
Principio Familiar Unidos Venceremos: Ya que una vez estuvimos perdidos, es nuestro deber tender la mano a aquellos que aún no han respondido a la verdad.
Desafío familiar: Escribe y memoriza 1 Corintios 9:6