«Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,» (1 Corintios 2:1-4)
I. LA PERSEVERANCIA EN EL MINISTERIO
En 1973, después de décadas de predicar el evangelio, el Dr. Lee Roberson se despertó una mañana sin poder hablar más que un pequeño balbuceo. Tuvo que cancelar todas sus reuniones y durante un año entero no pudo predicar en su iglesia. Viajó por todo el país para ver a varios especialistas, pero ninguno de ellos pudo ayudarlo. Finalmente, un cirujano local lo operó, y después de unas pocas semanas de recuperación, el Dr. Roberson estaba predicando nuevamente, lo cual continuó hasta que tuvo casi noventa y siete años.
II. MÁS ALLÁ DEL ESFUERZO HUMANO
Un día el Dr. Roberson comentó cuán grandemente Dios había bendecido a la iglesia durante el año en que solo podía sentarse en silencio en la plataforma mientras alguien más ocupaba el púlpito. Dijo que fue uno de los años de ministerio más bendecidos que había conocido. La asistencia, las salvaciones, los bautismos y hasta las ofrendas aumentaron. El Dr. Roberson dijo: “Eso le mostró algo a este predicador. No dependía tanto de lo que estaba haciendo. Dependía de la obra del poder de Dios a través de nuestras vidas”.
III. LA HUMILDAD EN EL SERVICIO
Muchas veces confiamos en nuestro talento y esfuerzo en lugar de depender de Dios. Los resultados de nuestro trabajo para el Señor no están sobre nuestros hombros. Si queremos el poder y la bendición de Dios, debemos abandonar tanto la autosuficiencia como el egoísmo. Nuestro servicio no se trata de nosotros, ¡se trata de Jesús! “Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6.
Principio Familiar, Unidos Venceremos: Debemos confiar en la fuerza de Dios en lugar de la nuestra, si esperamos lograr algo duradero para Él.
Desafío familiar: Escribe y memorizar Salmo 115:1